Celebrar el camino: 3 años compartiendo Dhātrī Yoga Estudio
Esta primera entrada me parece importante. Quiero que sea un homenaje al día de hoy y una manera de reconocer todo lo que ha supuesto llegar hasta aquí. Una forma de mirar aquel primer día en el que abrí las puertas de Dhātrī Yoga Estudio y detenerme, por un momento, a contemplar el camino recorrido desde entonces.
Hay entradas de blog que hablan de algo.
Y hay otras que, simplemente, necesitan existir
Esta primera entrada me parece importante. Quiero que sea un homenaje al día de hoy y una manera de reconocer todo lo que ha supuesto llegar hasta aquí. Una forma de mirar aquel primer día en el que abrí las puertas de Dhātrī Yoga Estudio y detenerme, por un momento, a contemplar el camino recorrido desde entonces.
Parece mentira, pero ya han pasado tres años desde que aquel primer espacio abrió sus puertas.
Tres años desde que Dhātrī comenzó a ser una realidad.
El comienzo de un proyecto que jamás pensé que llegaría a existir y que ha terminado convirtiéndose en el mayor proyecto que he emprendido, en uno de los cambios más importantes de mi vida y en una experiencia de aprendizaje y crecimiento personal que difícilmente habría imaginado.
Tres años de ilusión, trabajo, incertidumbres, decisiones, cambios y muchísimas emociones.
Y también tres años descubriendo, a través de este proyecto, mucho más sobre mí.
El porqué de Dhātrī
Dhātrī yoga estudio nace de una necesidad absoluta: acercar a otras personas eso que tan bien me hizo a mí cuando más lo necesitaba, incluso sin saberlo.
Como a mí me gusta decir, la práctica de yoga me encontró (y no al revés) justo cuando estaba preparada para experimentar todo lo que iba a aportarme, y poco a poco, empezó a cambiar la manera en la que habitaba mi cuerpo, mi tiempo y también mi vida.
Pero Dhātrī nace también de otra necesidad: encontrar ese lugar en el que sentirme bien en mi día a día. Llevar un ritmo diferente al que había estado llevando hasta ese momento. Buscar tiempo para mí. Escucharme. Bajar el ritmo. Encontrar un espacio en el que poder volver a mí, a moverme y respirar de una forma mucho más real y consciente.
Y, de alguna manera, atreverme a convertir mi mayor placer en mi forma de vida.
Así nació Dhātrī.
No nació perfecto ni con todas las respuestas. Tampoco nació sabiendo todo lo que iba a suceder después.
Nació con ilusión, con mucho trabajo, con algunas certezas y muchísimas preguntas. Y, sobre todo, con la intención de crear un lugar donde el yoga pudiera ser mucho más que una práctica sobre una esterilla.
Un lugar para parar.
Pero parar no significa dejar de avanzar.
Significa aprender a escucharnos. Escuchar el cuerpo, reconocer lo que necesita y entender dónde estamos antes de decidir hacia dónde queremos ir.
Porque también creo que ahí comienza una parte esencial de la práctica: en esa capacidad de estar presentes mientras seguimos avanzando.
De sentir cómo el cuerpo cambia.
Cómo una postura que un día parecía imposible empieza a encontrar su lugar.
Cómo nuestra manera de movernos se transforma.
Cómo algo que empieza siendo físico termina teniendo un impacto mucho más profundo.
Hay transformaciones que primero se ven desde fuera, pero que realmente se sienten bien adentro.
Y esa es, para mí, una de las partes más bonitas del yoga.
La posibilidad de acompañar un proceso de autotransformación a través de la práctica. No de convertirnos en alguien diferente, sino de ir descubriendo, capa a capa, todo aquello que somos capaces de habitar, sostener y transformar.
Es también desde ahí desde donde entiendo y enseño Navakarana: una práctica en la que el movimiento, la respiración, la atención y la escucha del cuerpo se convierten en un camino de evolución.
Eso es parte de lo que quiero ofrecer en Dhātrī a través de mis clases: un espacio donde poder parar, escucharnos y, al mismo tiempo, avanzar. Donde la práctica pueda transformar el cuerpo, pero también la manera en la que nos relacionamos con él, con nuestra mente, con nosotros mismos y con nuestro entorno.
Y entonces llegó la vida
Porque una cosa es imaginar un proyecto y otra muy distinta es vivirlo.
Por el camino han pasado muchas cosas. Cambios, aprendizajes, momentos de entusiasmo y otros de incertidumbre. Días en los que todo parecía fluir y otros en los que tocaba sostener, confiar y continuar.
Y también llegó la inesperada y devastadora Dana del 29 de octubre de 2024.
Una fecha que quedará en nuestros corazones y que, una vez más, dio sentido a una palabra que resuena en el corazón de muchos de nosotros: RESILIENCIA.
Con ella llegó la necesidad de reinventarse y buscar otro lugar donde volver a empezar.
De empezar de cero, aunque en realidad ya no fuera de cero.
Porque llevaba conmigo todo lo aprendido. Todo lo vivido. Todo lo que había funcionado y también aquello que necesitaba cambiar y mejorar.
Buscar un nuevo espacio, tirar de ganas, de ímpetu y de mucho esfuerzo económico y personal para continuar creyendo y confiando en esta nueva forma de vida que había escogido y que no quería soltar.
Volver a imaginar cómo quería que fuera Dhātrī.
Y esta vez, hacerlo todavía más mío.
Crear un lugar que sintiera verdaderamente propio. Un espacio que pudiera reflejar mejor mi manera de entender el yoga, de acompañar a las personas y de vivir este proyecto.
No fue simplemente cambiar de lugar.
Fue volver a elegir.
Volver a confiar.
Volver a empezar.
Y hoy creo que esa parte del camino también merece ser celebrada.
Porque quizá necesitaba que las circunstancias me llevaran hasta ahí para poder llegar hasta aquí.
A este preciso lugar.
A este espacio.
A este Dhātrī que hoy puedo compartir con todos vosotros.
Cada cambio, cada dificultad, cada giro inesperado y cada pequeña decisión me ha ido trayendo —a mí y a vosotros— hasta este momento y este lugar.
Y aunque no siempre haya entendido el porqué mientras sucedía, hoy puedo mirar atrás y sentir que todo, de alguna manera, ha ido conduciéndome hasta aquí.








Tres años de encuentros
Porque un proyecto no se construye únicamente con paredes, horarios, clases de yoga o una página web.
Se construye con historias.
Con encuentros.
Con conversaciones antes de empezar y al terminar una práctica.
Con alguien que llega por primera vez y decide volver.
Con quien se queda durante años y con quien pasa durante un tiempo y después continúa su camino.
Con quien aparece justo cuando más lo necesitaba.
Y con todas esas personas que, quizá sin saberlo, han aportado algo a este lugar.
Por eso, este aniversario no quiero celebrarlo hablando únicamente de fechas, años o de todo lo que hemos conseguido.
Quiero celebrarlo dando las gracias.
Gracias a cada persona que ha cruzado la puerta de Dhātrī.
A quien llegó con experiencia y a quien no había hecho yoga nunca.
A quien vino buscando movimiento y encontró calma.
A quien necesitaba silencio.
A quien necesitaba compañía.
A quien vino a probar una clase y terminó haciendo de este espacio una pequeña parte de su vida.
Gracias a quienes estuvieron mucho tiempo y también a quienes estuvieron poco.
Porque el tiempo no siempre mide la importancia de un encuentro.
Hay personas que permanecen años y otras que pasan brevemente, pero dejan algo que permanece.
Y eso también es Dhātrī.
Un espacio hecho de muchos caminos que, durante un instante o durante mucho tiempo, se encuentran y se comparten.
Y en realidad Dhātrī, somos nosotros, las personas que lo habitamos, que compartimos nuestra energía, nuestro momento vital, nuestras sonrisas y nuestras preocupaciones, un lugar en el que venimos a ser, sin juicios. Un lugar para sentirnos libres y en paz.
Ese es verdaderamente el sentido de este espacio, vosotros.
El porqué sigue siendo el mismo
Con el paso del tiempo, Dhātrī ha cambiado.
Yo también.
Hemos aprendido, nos hemos equivocado, hemos reajustado el rumbo y hemos seguido adelante.
Pero hay algo que permanece y que lo sustenta todo: el deseo de que, cuando alguien entre aquí, pueda sentir que no tiene que demostrar nada.
Que puede llegar tal y como está.
Con un día bueno o con un día difícil.
Con energía o sin ella.
Con experiencia o desde cero.
Que pueda permitirse conectar consigo mismo durante un rato, mover su cuerpo, respirar la incomodidad y escucharse.
Y desde esa escucha, avanzar.
Porque la práctica no consiste únicamente en llegar más lejos o hacer algo que antes no podíamos hacer. También consiste en descubrir qué sucede dentro de nosotros mientras lo intentamos.
En aprender a reconocer nuestros límites sin dejar de explorar.
En observar cómo el cuerpo se transforma y cómo esa transformación empieza, poco a poco, a sentirse también en otros lugares.
Quizá eso sea, para mí, una de las cosas más bonitas que puede ofrecernos el yoga: no convertirnos en otra persona, sino ayudarnos a estar un poco más cerca de quien ya somos.
Y ese sigue siendo el corazón de Dhātrī Yoga Estudio.
Un espacio de yoga creado desde una experiencia personal, pero abierto a que cada persona encuentre su propia manera de vivir la práctica.
A través de mis clases y de la práctica de Navakarana, quiero acompañar precisamente ese proceso: que cada alumno pueda detenerse, escucharse, avanzar y descubrir su propia transformación.
Una transformación que quizá comienza siendo visible en el cuerpo, pero que poco a poco se siente mucho más adentro.
Lo que está por venir
Y quizá lo más bonito de celebrar un aniversario sea recordar que esto no termina aquí.
Todavía quedan muchas personas por llegar.
Muchas primeras clases.
Muchas respiraciones compartidas.
Muchas conversaciones.
Muchos comienzos.
Personas que todavía no saben que existe Dhātrī y que algún día, quién sabe, cruzarán su puerta.
Personas que llegarán buscando algo concreto y descubrirán otra cosa.
Personas que quizá necesiten exactamente lo que este espacio puede ofrecerles en ese momento de su vida.
Y me emociona pensar en ellas, en vosotros.
Porque si algo me ha enseñado este proyecto es que no podemos saber de antemano todo lo que un lugar puede llegar a convertirse.
Podemos poner una intención.
Podemos cuidar lo que hacemos.
Podemos abrir la puerta.
Pero después sucede la magia de los encuentros.
Si acabas de llegar hasta aquí y todavía no conoces Dhātrī, quizá este sea un buen momento para descubrir un poco más sobre este proyecto y sobre mí.
Puedes conocer mi historia y el camino que me llevó hasta crear Dhātrī, descubrir cómo entiendo y vivo el yoga y acercarte un poco más a la persona que hay detrás de este estudio.
Y si lo que estás buscando es empezar o retomar tu práctica, puedes explorar las diferentes clases de yoga que encontrarás en Dhātrī, conocer qué propone cada una y descubrir cuál puede acompañarte mejor en este momento.
No tienes que saberlo todo antes de empezar.
No necesitas llegar con experiencia.
Y tampoco necesitas estar en un momento perfecto de tu vida.
A veces, simplemente hay que dar el primer paso.
Gracias por formar parte del camino
Así que hoy miro estos tres años con gratitud.
Por lo vivido.
Por lo aprendido.
Por lo que salió bien y por lo que no salió como esperaba.
Por los momentos fáciles y por los difíciles.
Por las personas que estuvieron, por las que siguen, por las que tomaron otro camino y por todas las que todavía están por llegar.
Gracias por confiar.
Gracias por compartir.
Gracias por entrar, por practicar, por conversar, por reír, por respirar, por compartiros conmigo, por simplemente estar.
Dhātrī Yoga Estudio existe por una intención, pero cobra sentido a través de las personas.
Y si estás leyendo esto y alguna vez has formado parte de este camino, aunque haya sido durante un pequeño tramo, quiero que sepas que tú también estás en esta celebración.
Y si todavía no nos conocemos, quizá sea precisamente este el comienzo.
Puedes quedarte un poquito más y conocer la historia detrás de Dhātrī, descubrir las clases de yoga y prácticas que forman parte del estudio o acercarte a conocer el espacio.
Quizá encuentres aquí algo que estabas buscando.
O quizá simplemente descubras un lugar en el que, durante un rato, puedas parar.
No hay prisa.
La práctica también empieza aprendiendo a escuchar.
Seguimos.
Con el corazón abierto, los pies en la tierra y la esterilla preparada.
Gracias por estos tres años, Dhātrī.
Y gracias a todas las personas que los habéis hecho posibles.
Por los que fueron.
Por los que son.
Y por los que todavía están por llegar.
Bienvenido a Dhātrī.